Categoría: General

  • Stone in my shoe

    Como todos los días, iba esta mañana en el coche hecho un vinagres, cagándome en el resto de conductores habidos y por haber. Un día como cualquier otro. Las canciones del USB iban pasando una tras otra por el equipo de música y no les iba prestando mucha atención.

    Entonces se han empezado a amontonar las casualidades: salía del último tramo urbano de mi trayecto y empezaba la parte del camino que discurre por la hiperexplotada huerta, entre naranjos y alcachofas. A la vez, como por arte de magia, el único vehículo que llevaba delante a paso de tortuga ha decidido tomar el primer desvío a ninguna parte que ha encontrado y me he quedado completamente solo en el camino. Justo a continuación el sol ha acabado de levantarse y lo ha iluminado todo con esa luz amarillenta tan peculiar del amanecer.

    Y por si fuera poco, para rematarlo, la playlist ha llegado a este tema:

    Ahí estaba yo, dándole al coche toda la cera que me atrevo por esas rectas irregulares, con el sol en la cara, la carretera vacía y buena música sonando. Si no hubiera tenido que entrar a trabajar habría sido perfecto.

    Ha sido un cúmulo de señales con las que el día parecía estar diciéndome que no fuera tan gilipollas ya de buena mañana. Que en vez de ir gruñendo y quejándome, me busque un poco la vida, arregle lo que pueda, y lo que no, que resbale y se vaya a la mierda.

    Y además, me sirve para escribir otro poco por aquí. Ni tan mal.

  • Strange Chameleon

    Venía en el coche escuchando a The Pillows. Un grupo que jamás habría descubierto si no hubiera visto FLCL. A su vez, jamás habría visto FLCL de no ser por las redes de intercambio de archivos, mal llamadas de piratería (eMule, Bittorrent, etc.).

    Porque seamos realistas. En la puta vida iba a llegar la música de un grupo como The Pillows a España. Entre la galopante homogeneidad del mainstream de las radiofórmulas, la falta de curiosidad del españolito medio, y que los que tienen la pasta van a lo seguro y jamás iban a arriesgarse a publicar por aquí lo que encima podía parecer una especie de «Oasis pero en chino» (con ese añadido racista que tanto caracteriza al Manolón o la María medios), el único vehículo por el que estos japoneses (o ya puestos cualquier cosa que se saliera del electro-latino o el puto reguetón de los cojones en aquellos principios de los dosmiles) podían llegar hasta la otra punta de Eurasia era mediante descargas «ilegales».

    Lo jodido es que por culpa de la truñificación1 de absolutamente todas las plataformas online que parecía que iban a resolver el «problema» de la piratería proporcionando a los consumidores grandes catálogos de música, series y películas a precios razonables, y que los formatos físicos están poco a poco desapareciendo, nos vemos abocados 20 años después a buscarnos nuevamente la vida fuera de aguas territoriales, con un parche en el ojo y un loro en el hombro.

    No hemos aprendido nada de One Piece.

    1. Sí, prefiero el ajariano «truñificación» antes que el «enshitification» de Cory Doctorow. Los Ajares lo dijeron antes. ↩︎
  • Bloqueo… ¿bloguero?

    ¿Qué ha cambiado? ¿De repente se me ha olvidado cómo escribir?

    Me he encontrado releyendo un blog que tengo abandonado como 10 años ya, y no es que me parezca la leche, pero si lo comparo con cualquier cosa que he escrito en los últimos… ¿2 años? es que no hay color.

    Cada vez que me pongo a escribir acabo perdiendo el hilo hacia las tres cuartas partes del final y nunca se cómo rematar el texto. Entonces me pongo a releer e intentar terminarlo. Empiezo a corregir cosas, a cambiar frases de sitio, a borrar párrafos enteros… y el 90% de las veces acabo borrándolo todo. Y el 10% restante me parece una mierda pinchada en un palo.

    Y lo que más me jode es que las entradas de aquel blog las improvisaba en 15-20 minutos como mucho. No voy a decir que me gusta el resultado, pero al menos se deja leer: no hay faltas de ortografía, las frases se entienden y creo que se transmiten las ideas con más o menos claridad.

    Hoy por hoy no siento ni esa claridad de ideas, ni ese impulso de vomitar sobre el teclado lo que tengo en la cabeza. Creo que me paro a pensar demasiado.

    Así que le voy a dar a publicar esto….. YA.

  • ¿Cuándo se empezó a ir Twitter a la mierda?

    Y no me refiero sólo a la compra por parte del imbécil de Musk. Twitter ya venía arrastrando algunos problemas desde hacía tiempo, y lo más sintomático es que ya no era divertido.

    Sí, aún te ríes. Aún hay gente que publica cosas graciosas. Aún se ven cadenas de replies abundando sobre una primera ocurrencia. Pero antes esto era la norma, era raro el día que no había alguna de esas.

    Ahora el doomscrolling se ha convertido en norma. Los bots de mierda campan a sus anchas. Hay anuncios cada 3 tuits y promocionados de cuentas fachorras o estafas cada 5.

    La verdad es que cuesta pensar en un punto de inflexión. Quizá ha sido todo como lo de la rana cociéndose a fuego lento y esto empezó hace mucho. Para mí han sido un cúmulo de factores, de hechos, los que han hecho que cada vez haya querido entrar menos. Por costar, me cuesta incluso ordenar los pocos puntos que soy capaz de identificar.

    Al final ya no quiero pasar tiempo ahí. Mucha autopromoción, mucho nazi, mucho gilipollas que les baila el agua y poca diversión.

  • Evasión

    Estábamos en Borres, pero pronto le cambiamos el nombre por Villamoscas por el increíble número de éstas que había en el albergue. Creo que ni en el pueblo de mi padre, que debe ser uno de los principales productores de moscas del mundo, he llegado a ver tantas. Me imagino que sería porque se trataba de uno de esos pueblos cuya proporción de vacas por habitante debe rondar el 10 a 1.

    Allí fue donde empecé a darme cuenta de que cuando las necesidades más básicas quedan cubiertas (en aquel caso, terminar la etapa, comer, lavar la ropa y descansar), todo lo que viene después es un extra, una recompensa. Cada cosa de más por encima de las necesidades más urgentes, por pequeña que sea, es como un regalo capaz de proporcionarnos la felicidad más absoluta.

    Una de esas pequeñas cosas fue algo tan simple como la sombra de un árbol. Habíamos escapado del interior del albergue, porque de día las moscas estaban activas y se hacía insoportable estar allí dentro. Varios de los peregrinos bajamos al pequeño prado desde el que veíamos el pueblo y las montañas y lomas más cercanas. El sol, en pleno agosto, apretaba, y aunque el aire era fresco nos obligaba a resguardarnos. Así que allí estábamos, tumbados sobre la hierba, a la sombra de aquel árbol.

    Poco a poco, las conversaciones fueron muriendo. Me encontré mirando al cielo a través de las ramas, dejando que algún rayo de luz me diera en la cara cuando se las arreglaba para colarse entre las hojas agitadas por la brisa. El cielo era de ese azul que empieza a virar a tonos oscuros, propio de la media tarde y apenas había algún jirón de nube suelto aquí y allá, como pinceladas sueltas, echadas a desgana.

    Cerré los ojos, y entonces caí en la cuenta de que estaba en paz. La sensación había ido llegando poco a poco, como una lenta marea que a cada ola avanza un poco más. No sentía el menor rastro de preocupación, ni ansiedad, ni estrés. No había absolutamente nada que me inquietase. Sólo un bienestar y una calma que no puedo definir sino como felicidad.

    No se cuánto duró aquello, y la verdad es que tampoco importa. Sólo se que el mero hecho de recordar aquel momento aún me ayuda meses después a superar los momentos de tensión o los malos tragos por los que estoy pasando últimamente. Cierro los ojos, y recuerdo las ramas y las hojas meciéndose al viento, el azul del cielo, el blanco de las nubes, el verde de la tierra… y sobre todo aquella sensación de estar tan lejos de toda preocupación, tan por encima de toda la mierda del día a día.

    Espero no olvidar nunca aquel momento.

  • Una puñetera verdad…

    Ted: I used to believe in destiny. You know? I’d go to the bagel place, see a pretty girl in line, reading my favorite novel, whistling the song that’s been stuck in my head all week, and I’d think, “Wow, hey — maybe she’s the one.” Now I think, “I just know that bitch is going to take the last whole wheat everything bagel.”

    Robin: You’ve just been focused on work.

    Ted: No. It’s more than that. I’ve stopped believing. Not in some depressed, I’m-gonna-cry-during-my-toast way. Not in a way I even noticed until tonight. It’s just, everyday, I think I believe a little less, and a little less, and a little less, and that sucks. What do I do about that, Scherbatsky?

    Robin: You’re Ted Mosby. You start believing again.

    Ted: In what? Destiny?

    Robin: Chemistry. If you have chemistry, you only need one other thing.

    Ted: What’s that?

    Robin: Timing. But timing’s a bitch.

  • Eufemismos.

    – ¿Innovación? Si cerramos investigación y desarrollo hace años…

    – Esto no va de investigación, Horsefry. Esto va de encandilar a las masas con chucherías. Creo que la palabra respetable es… márketing.

    Terry Pratchett, Going Postal.

  • El eterno Peter Pan.

    Yo no sé si os pasa lo mismo, pero a mí este continuo revival de nuestra infancia me pone muy triste, y me hace pensar en miedos a la muerte y en la muerte misma y en la memoria colectiva de una generación incapaz de volver a sentirse como se sentía a las seis y media de la tarde de cualquier miércoles de 1986.

    Visto en Fauna Mongola de Madrid.

  • What can I do?

    Está siendo una tarde larga en el trabajo. Una de esas en las que no hay nada que hacer. Los funcionarios, en horario de verano, hace horas que se han largado y por aquí sólo estamos el de seguridad, la de la limpieza y yo. Además, por aquello de salvar el planeta, han apagado el aire acondicionado y hace bastante calor.

    Por suerte, la ventana más cercana está orientada a la calle, y gracias a eso entra algo de este sol vespertino, algo que me recuerda que afuera aún es de día y de paso me ayuda a no sentirme como un condenado en una celda.

    Además he dado con una lista de spotify con música noventera, todo temas que solía escuchar en tardes como ésta, con la sencilla diferencia de que entonces lo hacía en mi habitación, tumbado en la cama, quizá leyendo algún libro y con la persiana abierta apenas un palmo para que entrase algo de aire y dejar fuera el sol abrasador.

    Es curioso como muchas veces unas pocas notas de una canción o un olor puede remover la memoria mucho más que las palabras o una imagen, y traer a la luz recuerdos que creíamos olvidados o perdidos en la montaña de trastos que llamamos memoria.

    Hoy mi habitación ya no es mía, está invadida por mi hermana, que desde que dejé de vivir allí ha ido expandiendo su espacio vital de forma inexorable por toda la casa. Los estantes siguen llenos de libros y CD’s, pero ya no son los míos, como tampoco las películas o la decoración que ha ido añadiendo ella.

    Sólo el sol, y las canciones, son todavía los mismos.

  • Arreglando el mundo.

    ¿Pegarle un tiro al dictador y evitar la guerra? Pero el dictador no es más que la punta de toda esa llaga infectada llena de pus social de la cual emergen los dictadores, y si le pegas un tiro a uno enseguida tendrás otro. ¿Pegarle un tiro también? ¿Y por qué no pegarle un tiro a todo el mundo e invadir Polonia? Dentro de cincuenta, treinta, diez años el mundo ya casi habrá regresado a su antiguo curso. La historia siempre carga con un gran peso de inercia.

    Terry Pratchett – Lores y Damas.